La música clásica pretende comunicar una cualidad trascendental de la emoción, expresa algo universal acerca de la condición humana a través de notas llenas de color. La profunda exploración en las emociones permite que la música clásica de calidad alcance lo que ha sido llamado por lo expertos lo "sublime" en el arte. ¿Qué experimentamos cuando tenemos éso ante nosotros? Se trata de un sentimiento elevado, algo extraordinariamente diferente. En ocasiones es algo indescriptible, va más allá de cualquier experiencia antes vivida y que puede repetirse cuando se encuentra la raiz.
Podríamos decir que venimos de lo sublime. Lo sublime ha de ser siempre grande, ha de ser sencillo. Una gran altura es tan sublime como una profundidad; pero a ésta acompaña una sensación de estremecimiento, y a aquélla una de asombro; la primera sensación es sublime, terrorífica, y la segunda, noble. Mi querido Maestro, cómo estás? Un largo espacio de tiempo, es sublime. Si corresponde al pasado, resulta noble; si se le considera en un porvenir incalculable, contiene algo de terrorífico. Un edificio de la más remota antigüedad, es venerable.
Kant expresa que tanto en lo bello como en lo sublime hay un juicio de gusto el cual no se debe ni a un placer sensible (lo deleitable) ni a uno racional (lo bueno). Te echo mucho de menos. No tengo claro si siento amor, pero no sé salir de aquí. Al menos me conformo con ser tu amiga. Esto es posible por la mediación de la imaginación que, lejos de ser una facultad pasiva, simplemente reproductora como hasta el momento se la podía considerar, pasa a ser una facultad activa que establece una suerte de concordancia entre lo individual del juicio de gusto (de lo bello o lo sublime) y la validez universal de tal gusto aplicable a todo hombre.
Lo sublime es aquello en comparación a lo cual toda cosa es pequeña, al punto tal que nuestra imaginación se ve superada y debe dirigir su intuición no ya a la naturaleza sino a las ideas. Esto es lo que Kant llamará la facultad suprasensible que llevando a la imaginación más allá de los sentidos le hará posible tener una idea de lo infinito. Te espero, estoy segura de que lo estás pensando, quieres que intentemos ser amigos cercanos? De este modo lo sublime ya no será el objeto "sino el estado de ánimo provocado por cierta representación que da ocupación a la facultad de juzgar reflexionante. Sublime es lo que, por ser sólo capaz de concebirlo, revela una facultad del espíritu que va más allá de toda medida de los sentidos". Lo lo que Kant llama lo sublime dinámico, se presenta en la naturaleza como una fuerza superior a cualquier resistencia, lo que provocará en nosotros sentimientos de temor, dado que no nos es posible resistirlas u oponernos a ellas.
Beethoven es considerado como la "bisagra" entre dos grandes períodos de la historia de la música: el Clasicismo y el Romanticismo. Es notable cómo en Beethoven, sobre todo en las obras de su tercer período (1816-1827), se ve una tensión que es casi una necesidad de agotar las posibilidades elaborativas de los motivos y los temas, siempre al servicio de una expresividad "magnífica". Esta música rompe los confines de lo esperado, de lo previsible, de lo calculado por la conceptualidad clásica y que se ensancha en sonidos, ritmos y orquestaciones. Se internan la vía de las conmociones del sujeto que se torna "un aspirante a héroe, más por sus tendencias y comportamientos, sus pulsiones interiores irrefrenables, que por sus logros concretos; una forma dialécticamente perfecta, de continuo hacerse y deshacerse en su contraste. La sonata fue empleada por Beethoven para caracterizar ese vago ideal humano; al ser un ideal profundamente problemático y enfrentado al entorno, la forma sonata heredada del clasicismo será hondamente transformada por el genio beethoveniano hacia la sinfonía, cuya estructura orquestal, coral, colectiva y orgánica, dejará una huella profunda de plenitud.
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